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La plata llama a la plata: acerca del principio bancario

“La plata llama a la plata” es un refrán que existe en casi todos los idiomas y que describe una especial situación de imán que ocurre con el dinero. Parece ser que el principio bancario que nos rige desde la época de los Médici no hizo oídos sordos a estas palabras y no dudó en levantar el estandarte de “el rico paga menos, el pobre paga más”.


Los bancos aplican una tasa de interés baja a quienes tienen mucho dinero y gran capacidad de pago e imponen una tasa de interés alta a quienes tienen reducido patrimonio y menor capacidad de pago. ¿Qué significa esto? ¿Cómo se justifica?  Pareciera haber tres “explicaciones” bancarias para tamaña desigualdad. Ellas son:

1- La idea del riesgo de incobrabilidad. Es decir cuanto más pobre se es, se señala que hay menos chances para poder pagar en tiempo y forma.

2- La suma de capital entregada por el banco al celebrar el préstamo / contrato es de mayor valor que la promesa de pago del cliente.

3- El seguro que debe ser integrado al simple interés "natural". (Cabe preguntarse ¿qué es lo natural?)

Frente a este panorama asimétrico a la hora de establecer tasas de interés bancarias, desde PADEC preguntamos: ¿El mercado bancario no es alcanzado por el sistema jurídico?  ¿Las entidades financieras no deben cumplir con la ley como las demás personas?


Isabel Novosad, presidente de PADEC, avanza sobre las “justificaciones” bancarias y responde: 1-  La idea de “riesgo de incobrabilidad”, aparece como poco razonable al focalizar en la menor capacidad económica de un individuo al inicio de un contrato. Además no hay que olvidar el “riesgo operativo” de las entidades bancarias de las cuales también se deducen sus ganancias.


2- Creer que el dinero que presta el banco es de mayor valor que la promesa contractual del cliente de devolverlo es equivalente a creer que el dinero que entregó un ahorrista al banco es de mayor valor que lo el banco promete devolver.


3- La idea de adicionar un seguro por riesgo de incobrabilidad es sólo un pretexto para el sobreprecio del dinero, poniendo el foco en la estimación de una posible incobrabilidad futura, que tal vez no sea real.


Claramente no hay una información consistente sobre el llamado “problema de la incobrabilidad” que acecha a los clientes bancarios. Una ausencia de información que incentiva la especulación abusiva generando un conflicto moral cuando la administración bancaria erige sus ganancias cortoplacistas por sobre la capacidad de pago de aquel que solicitó un crédito.

 

De la redacción de PADEC.